Washington. Donald Trump prepara una nueva ofensiva arancelaria contra alrededor de 60 países, mientras Estados Unidos busca sustituir los gravámenes temporales que vencen este viernes.
La Administración estadounidense trabaja en aranceles individuales de entre el 10 % y el 12.5 % contra países acusados de no controlar suficientemente las importaciones producidas mediante trabajo forzoso.
Entre los territorios investigados figuran China, México, Reino Unido, India, Japón y los miembros de la Unión Europea.
Washington también mantiene abierta otra investigación contra 16 socios comerciales por presunta sobreproducción, una práctica que, según las autoridades estadounidenses, reduce los precios internacionales y perjudica a sus productores.
La nueva ofensiva llega después de que la Corte Suprema declarara inconstitucionales los aranceles universales impuestos por Trump en abril de 2025.
Tras ese revés, la Casa Blanca estableció temporalmente un gravamen general del 10 % amparándose en otra disposición legal. Sin embargo, esa autorización caduca este viernes y necesitaría el respaldo del Congreso para continuar.
La falta de apoyo legislativo obligó al Gobierno a buscar nuevas vías jurídicas para reconstruir su política arancelaria.
La principal herramienta será ahora una disposición que permite imponer gravámenes contra países acusados de prácticas comerciales desleales, injustificables o discriminatorias.
El procedimiento exige investigaciones, audiencias y alegaciones, pero la Casa Blanca ya comenzó a preparar el terreno desde junio.
Trump también ha utilizado una ley de 1930 para imponer aranceles de hasta el 50 % a determinados productos canadienses y podría recurrir nuevamente a esa norma contra países europeos que establezcan impuestos sobre los servicios digitales.
La nueva política podría incluso alterar acuerdos comerciales alcanzados previamente por Washington y dejar sin efecto algunas de las exenciones negociadas con sus socios.
Parte del equipo presidencial intenta convencer a Trump de mantener la estabilidad y no reabrir una guerra comercial que podría perjudicar también a empresas y consumidores estadounidenses.
Pero la dirección parece otra.
Los tribunales derribaron el primer muro arancelario de Trump. Ahora la Casa Blanca busca todas las vías posibles para levantar otro.










