WASHINGTON. Los presidentes Donald Trump y Xi Jinping concluyeron este viernes una visita de Estado de tres días marcada por ceremonias, elogios mutuos y promesas de cooperación, pero sin acuerdos importantes sobre los principales conflictos que enfrentan a Estados Unidos y China.
La visita del mandatario chino a Washington, la primera en once años, terminó con una reunión para tomar el té en la Casa Blanca y un recorrido por los Archivos Nacionales estadounidenses.
Trump calificó el encuentro como un éxito para ambas naciones y anunció que volverá a reunirse con Xi en noviembre, durante la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico, en China, y nuevamente en diciembre, durante la reunión del G20 en Miami.
El despliegue diplomático fue considerable. Trump recibió personalmente a Xi en el aeropuerto, organizó una ceremonia oficial de bienvenida, una cena de Estado y diferentes actividades destinadas a destacar la relación entre ambos dirigentes.
Sin embargo, los resultados concretos fueron bastante más limitados.
El principal avance fue la extensión durante dos meses de la tregua comercial que Washington y Pekín habían alcanzado para detener la escalada arancelaria del año pasado.
El acuerdo, que debía expirar en noviembre, permanecerá vigente hasta enero de 2027, concediendo a ambas partes más tiempo para negociar.
Los asuntos fundamentales continúan pendientes: los aranceles, las restricciones tecnológicas estadounidenses, las exportaciones chinas de minerales estratégicos y las compras de productos agrícolas norteamericanos.
Taiwán volvió a ocupar un lugar central en las conversaciones.
Xi reiteró la posición de Pekín sobre la soberanía de la isla y expresó su expectativa de que Washington se oponga a su independencia. Estados Unidos mantiene su política de ambigüedad estratégica y no anunció modificaciones en su relación con Taipéi.
La inteligencia artificial también figuró entre los principales asuntos discutidos.
Ambos países reconocieron la importancia de gestionar los riesgos asociados con esta tecnología, aunque no anunciaron un acuerdo definitivo sobre mecanismos conjuntos de supervisión.
Otro punto de fricción fue Irán. Trump confirmó que advirtió a China contra cualquier asistencia militar o de inteligencia a Teherán, en momentos en que la guerra continúa afectando la seguridad y los mercados energéticos internacionales.
Pese a las diferencias, ambos mandatarios insistieron en la importancia de mantener abiertos los canales diplomáticos.
Xi defendió una relación basada en la estabilidad estratégica, el respeto y la reciprocidad. Trump, por su parte, destacó reiteradamente su relación personal con el presidente chino.
La visita permitió prolongar la distensión diplomática y evitar, por ahora, una nueva escalada comercial.
No obstante, las principales diferencias entre las dos mayores economías del planeta permanecen prácticamente intactas.
Después de tres días de ceremonias y declaraciones amistosas, Washington y Pekín consiguieron mantener el diálogo, pero aplazaron buena parte de sus decisiones.
La competencia continúa. También las negociaciones.










