Goldman Sachs encendió las alarmas sobre el estado de las reservas mundiales de crudo en medio del conflicto en Oriente Medio y las tensiones en el estrecho de Ormuz.
El banco estima que las existencias globales equivalen actualmente a 101 días de demanda, pero podrían caer a 98 días antes de finalizar mayo, lo que refleja una reducción acelerada del colchón energético mundial.
El dato no es menor. En términos simples: el mundo está consumiendo más rápido de lo que puede reponer.
La situación es aún más delicada en los productos refinados.
Goldman calcula que las reservas pasaron de 50 días de demanda antes del conflicto a solo 45 días actualmente, con los inventarios más accesibles acercándose a niveles “muy bajos”.
El banco no habla todavía de colapso inmediato.
Pero sí de algo más incómodo: una tendencia peligrosa.
Según su análisis, aunque es “poco probable” que se alcancen mínimos operativos este verano, la velocidad de caída y las interrupciones en el suministro ya son motivo de preocupación global.
Detrás de ese deterioro hay tres factores claros:
- interrupciones en el flujo de petróleo por el conflicto
- tensiones militares en rutas clave como Ormuz
- dificultad para compensar rápidamente la oferta perdida
El resultado es un mercado cada vez más ajustado, donde cualquier shock adicional puede empujar precios y escasez al mismo tiempo.
Goldman no está diciendo que el mundo se queda sin petróleo mañana.
Está diciendo algo más sutil… y más inquietante:
que el margen de error se está agotando.










