Pekín. China activó por primera vez un mecanismo legal para bloquear la aplicación de sanciones estadounidenses contra empresas chinas, justo antes de una nueva reunión entre Xi Jinping y Donald Trump.
La medida fue anunciada por el Ministerio de Comercio chino y prohíbe a ciudadanos, empresas y organizaciones del país reconocer, aplicar o cumplir sanciones impuestas por Washington contra cinco compañías chinas acusadas de participar en el comercio de petróleo iraní.
La decisión apunta directamente a sanciones estadounidenses basadas en órdenes ejecutivas utilizadas para castigar a empresas que mantienen vínculos comerciales con Irán. Con el nuevo mecanismo, Pekín declara que esas medidas no tienen validez dentro de China.
El punto central es que las empresas chinas afectadas podrán demandar ante tribunales nacionales a entidades extranjeras que se nieguen a trabajar con ellas por cumplir sanciones de Estados Unidos.
Esto convierte la respuesta china en algo más que una protesta diplomática. Ahora bancos, aseguradoras, operadores comerciales y empresas extranjeras que acaten las sanciones estadounidenses podrían enfrentar consecuencias legales en China.
La medida llega en un momento especialmente delicado, a pocos días del encuentro entre Xi y Trump, y funciona como una advertencia: Pekín está dispuesto a negociar, pero no bajo reglas impuestas unilateralmente por Washington.
China también conserva otras herramientas de presión. Entre ellas, su dominio sobre las cadenas de suministro de tierras raras, recursos esenciales para industrias estratégicas estadounidenses como tecnología, defensa, vehículos eléctricos y energía limpia.
El mensaje es claro: si Estados Unidos usa sanciones, China puede responder con tribunales, suministro estratégico y presión económica.
La reunión entre ambos líderes se producirá en medio de una relación marcada por aranceles, sanciones, tensiones sobre Irán y competencia tecnológica. Washington llega debilitado por la crisis en el Golfo Pérsico y por el impacto de su bloqueo naval, mientras Pekín intenta proyectarse como actor más estable y con mayor capacidad de maniobra.
La llamada “alfombra de bienvenida” china no es cortesía diplomática.
Es una señal de poder.










