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Ajustes de cuentas y narcotráfico: la violencia criminal vuelve a mutar en República Dominicana

Santo Domingo. República Dominicana enfrenta una nueva escalada de violencia vinculada al narcotráfico, marcada por un aumento de homicidios asociados a ajustes de cuentas entre estructuras criminales que operan tanto en microtráfico urbano como en redes de distribución regional.  

Las autoridades han identificado un patrón creciente de asesinatos ligados a disputas por control territorial, cobro de deudas, rupturas internas y retaliaciones entre bandas vinculadas al tráfico de drogas.

El fenómeno revela una transformación preocupante del crimen organizado.

Ya no se trata únicamente de grandes cargamentos decomisados en puertos o costas.

La violencia se está desplazando hacia barrios, periferias urbanas y puntos de distribución donde las redes criminales fragmentadas compiten por espacios cada vez más atomizados.  

Durante los primeros meses de 2026, las autoridades realizaron 6,944 operativos y decomisaron más de 2.59 toneladas de drogas, mientras que en 2025 fueron ocupadas 48.3 toneladas de narcóticos y detenidas más de 46 mil personas vinculadas al tráfico y microtráfico.  

Las cifras evidencian presión operativa del Estado.

Pero también muestran algo más incómodo:

el mercado sigue regenerándose.

Cada estructura desmantelada parece ser reemplazada por otra.

Cada punto intervenido reaparece mutado.

Cada vacío es ocupado.

Expertos en seguridad advierten que esta dinámica responde a una atomización progresiva del narcomenudeo, donde pequeños grupos operan con autonomía relativa, elevando la frecuencia de conflictos violentos y reduciendo los márgenes de mediación interna que antes mantenían ciertas organizaciones más estructuradas.

El resultado es más imprevisibilidad.

Más violencia localizada.

Más ejecuciones rápidas.

Más mensajes de intimidación.

Y una sensación social de deterioro silencioso.

El desafío ya no es solo decomisar droga.

Es romper la lógica económica y territorial que sostiene el negocio.

Porque cuando los ajustes de cuentas se vuelven rutina, el problema deja de ser exclusivamente policial.

Pasa a ser institucional.

Y cuando la violencia criminal empieza a normalizarse como ruido de fondo, lo verdaderamente peligroso no es solo el delito.

Es la costumbre.

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