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Subsidios a combustibles ya superan RD$6,000 millones y evidencian el costo de la crisis energética

Santo Domingo. El Gobierno dominicano ha destinado más de RD$6,000 millones en subsidios a los combustibles en lo que va de año, una cifra que refleja la creciente presión fiscal derivada de la volatilidad internacional del mercado energético y del esfuerzo estatal por contener el impacto sobre consumidores y sectores productivos.

El monto ya supera buena parte de las proyecciones iniciales para 2026 y confirma que la estabilidad de los precios internos tiene un costo cada vez más elevado para las finanzas públicas.

La estrategia oficial busca amortiguar el efecto del encarecimiento internacional del petróleo, evitando que las alzas externas se traduzcan de manera inmediata en aumentos más agresivos para los hogares, el transporte y la actividad económica.

Sin embargo, el contexto internacional sigue complicando el panorama.

La tensión geopolítica en Oriente Medio, las alteraciones en rutas estratégicas de suministro y la incertidumbre sobre el mercado global mantienen elevada la presión sobre los derivados del crudo.

Eso obliga al Estado a sostener subsidios crecientes para evitar mayores impactos inflacionarios.

La cifra revela una paradoja estructural.

Cada peso destinado a contener el alza de combustibles protege temporalmente el bolsillo ciudadano.

Pero también reduce margen fiscal para otras prioridades como:

  • inversión pública
  • infraestructura
  • salud
  • educación
  • modernización energética.

Economistas advierten que este modelo de contención, aunque necesario en coyunturas excepcionales, no puede convertirse en política permanente.

Subsidiar indefinidamente una dependencia energética externa termina trasladando el costo de la vulnerabilidad al presupuesto nacional.

El debate vuelve a colocar sobre la mesa una discusión que República Dominicana posterga cada vez que la presión internacional disminuye:

la transformación profunda de su matriz energética.

Mientras el país continúe altamente expuesto al petróleo importado, seguirá atrapado entre dos costos inevitables:

dejar subir los combustibles o subsidiarlos con recursos públicos.

Ambas opciones tienen factura.

La verdadera salida no está en administrar eternamente el síntoma.

Está en reducir la dependencia que lo provoca.

Porque cada crisis petrolera repite la misma lección con una disciplina casi cruel:

la energía que no produces tú, termina gobernando parte de tu economía.

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