Teherán. La crisis en Oriente Medio entró en una nueva fase de escalada después de que Estados Unidos ejecutara nuevos ataques contra objetivos iraníes y el gobierno de Irán respondiera anunciando el cierre total del estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más importantes del planeta.
La decisión iraní eleva dramáticamente la tensión internacional.
Por Ormuz transita aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo y una porción significativa del gas natural licuado que abastece a Asia, Europa y otras regiones.
El anuncio llega tras varios días de intercambios militares, ataques contra instalaciones estratégicas y un deterioro acelerado de las negociaciones que Washington y Teherán intentaban mantener abiertas.
La medida tiene implicaciones mucho más amplias que el conflicto bilateral.
El cierre de Ormuz afecta directamente:
- el suministro mundial de petróleo;
- los mercados energéticos;
- las cadenas globales de transporte;
- la inflación internacional;
- los costos de combustibles y electricidad.
Los mercados llevaban semanas temiendo precisamente este escenario.
Durante meses, analistas energéticos habían advertido que el mayor riesgo no era un ataque puntual, sino una interrupción sostenida del tránsito marítimo en el Golfo Pérsico.
Ahora ese riesgo parece haberse convertido en realidad.
La magnitud del impacto dependerá de dos factores:
cuánto tiempo permanezca cerrado el estrecho
y si otros actores regionales terminan involucrándose de forma más directa en el conflicto.
Para economías importadoras de energía como República Dominicana, la noticia es especialmente relevante.
Un cierre prolongado de Ormuz podría traducirse en:
- mayores precios internacionales del petróleo;
- aumento de la factura energética;
- más presión sobre subsidios;
- incremento de costos de transporte;
- nuevas presiones inflacionarias.
La decisión iraní también representa un desafío estratégico para Estados Unidos y sus aliados.
Durante décadas, la libre navegación por Ormuz ha sido considerada una línea roja para las principales potencias mundiales.
Por eso la pregunta ya no es únicamente qué ocurrirá entre Washington y Teherán.
La pregunta es cuánto tiempo puede permanecer cerrada una de las arterias energéticas más importantes del planeta antes de que la crisis deje de ser regional y se convierta en un problema económico global.
Y si algo muestran los mercados esta semana es que el mundo entero está observando precisamente esa respuesta.










