Ciudad de Panamá. El canciller dominicano, Roberto Álvarez, hizo un llamado a fortalecer la cooperación entre los países del continente y advirtió que los grandes desafíos que enfrenta América no podrán resolverse mediante el aislamiento ni con respuestas exclusivamente nacionales.
Durante la conmemoración del bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, Álvarez sostuvo que la región necesita recuperar la capacidad de construir consensos y fortalecer los mecanismos de integración para enfrentar problemas que ningún país puede resolver por sí solo.
El planteamiento llega en un momento especialmente complejo para el continente.
América enfrenta una combinación de crisis migratorias, expansión del crimen organizado, inestabilidad política, presiones económicas y desastres naturales que trascienden las fronteras nacionales. Frente a ese escenario, insistir en soluciones aisladas parece cada vez menos efectivo.
La experiencia reciente ofrece suficientes ejemplos.
La crisis haitiana impacta directamente a República Dominicana y al Caribe. El narcotráfico opera mediante redes internacionales. La migración atraviesa todo el continente. Incluso fenómenos como las pandemias o el cambio climático han demostrado que las fronteras políticas tienen una capacidad limitada para contener problemas globales.
Sin embargo, hablar de cooperación resulta mucho más sencillo que practicarla.
La región acumula décadas de organismos multilaterales debilitados, diferencias ideológicas entre gobiernos y proyectos de integración que cambian de rumbo cada vez que cambia un presidente. La consecuencia es una América que suele reaccionar unida en los discursos, pero fragmentada en las decisiones.
En ese contexto, el llamado del canciller dominicano rescata una idea que inspiró el Congreso convocado por Simón Bolívar hace dos siglos: las naciones americanas avanzan más cuando cooperan que cuando compiten entre sí.
La dificultad consiste en convertir esa aspiración en políticas concretas.
La cooperación regional no puede limitarse a declaraciones diplomáticas o fotografías oficiales. Debe traducirse en inteligencia compartida contra el crimen organizado, mecanismos eficaces para gestionar la migración, coordinación frente a desastres naturales y estrategias comunes para impulsar el desarrollo económico.
El continente enfrenta problemas demasiado grandes para resolverlos en solitario.
La verdadera prueba no será la firma de nuevas declaraciones.
Será comprobar si los gobiernos están dispuestos a cooperar cuando esa cooperación implique compartir responsabilidades, asumir compromisos y dejar de lado intereses políticos de corto plazo.
Porque la integración americana lleva doscientos años siendo una aspiración.
El desafío sigue siendo convertirla en una realidad.










