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Zuckerberg rechaza frenar la IA y convierte la seguridad en arma contra OpenAI y Anthropic

MENLO PARK.– Mark Zuckerberg rechazó la propuesta de coordinar una desaceleración general del desarrollo de inteligencia artificial y defendió que cada empresa debe asumir directamente la responsabilidad de determinar cuándo necesita reducir el ritmo por razones de seguridad.

El fundador y director ejecutivo de Meta se distancia así de la posición defendida en los últimos días por figuras como Dario Amodei, de Anthropic, y Sam Altman, de OpenAI, quienes han respaldado mayores mecanismos de coordinación ante los riesgos asociados con sistemas de inteligencia artificial cada vez más avanzados.

Zuckerberg no niega esos riesgos.

Lo que cuestiona es que toda la industria tenga que ponerse de acuerdo para frenar simultáneamente.

Según su planteamiento, las propias compañías poseen incentivos económicos y legales suficientes para evitar que sus sistemas causen daños.

Para Zuckerberg, además, la seguridad puede terminar convirtiéndose en una de las principales ventajas competitivas de la inteligencia artificial.

El empresario sostiene que la confianza y el alineamiento, entendido como la capacidad de conseguir que un sistema actúe de acuerdo con las intenciones de sus usuarios, serán elementos decisivos para distinguir unos modelos de otros.

Su argumento es sencillo: una empresa que produzca una inteligencia artificial poderosa pero poco confiable terminará perdiendo frente a otra capaz de ofrecer capacidades similares con mayores niveles de seguridad.

Meta intenta presentarse como ejemplo.

Zuckerberg reveló que la compañía retrasó durante varios meses el lanzamiento de Muse, uno de sus nuevos sistemas de inteligencia artificial, mientras trabajaba en aspectos relacionados con seguridad y protección.

La empresa tomó la decisión individualmente, sin exigir que sus competidores paralizaran sus propios proyectos.

Meta también utiliza evaluadores y asesores externos para revisar distintas áreas de su trabajo, otra de las medidas reclamadas por quienes piden mayores controles sobre los laboratorios de inteligencia artificial.

Zuckerberg cuestionó además la creciente carrera hacia sistemas capaces de mejorarse a sí mismos de manera recursiva.

A su juicio, las compañías deberían dedicar una mayor proporción de su capacidad de cómputo a crear herramientas útiles para las personas en lugar de concentrarla en desarrollar sistemas cada vez más autónomos.

La posición abre una nueva división entre las compañías que lideran la carrera mundial por la inteligencia artificial.

Anthropic ha advertido que el desarrollo está avanzando más rápido que los mecanismos destinados a controlar sus riesgos y propone una coordinación más amplia entre empresas, evaluadores externos y gobiernos.

Meta responde que seguridad no tiene por qué significar detener conjuntamente la competencia.

La diferencia parece técnica.

En realidad, también es empresarial.

Porque detrás de la discusión sobre cómo hacer segura la inteligencia artificial se está decidiendo quién establece las reglas de una industria que podría convertirse en una de las más importantes del siglo.

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