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“Esposaron a un muerto”: una ciudad exige respuestas tras la muerte de un colombiano a manos del ICE

Biddeford. La sangre de Johan Sebastián Durán Guerrero todavía permanece sobre el asfalto. Junto a las manchas, los vecinos escribieron con tiza una frase imposible de ignorar: “Esto es sangre”.

El colombiano de 26 años murió el lunes tras recibir disparos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos mientras salía de su vivienda para ir a trabajar.

Tres días después, la ciudad de Biddeford continúa esperando una explicación clara.

En la esquina donde ocurrió el hecho, los residentes levantaron un altar con flores, fotografías, mensajes de cariño y carteles contra las autoridades migratorias. Durán Guerrero dejó una esposa y una hija de tres años.

La versión oficial sostiene que el agente disparó porque se sintió amenazado. Sin embargo, los testimonios de quienes presenciaron el operativo plantean serias dudas sobre lo ocurrido.

Los agentes no llevaban cámaras corporales, por lo que una grabación obtenida desde un negocio cercano se ha convertido en una pieza fundamental para reconstruir los hechos.

El propietario del establecimiento explicó que en las imágenes se observa el vehículo del colombiano dando vueltas en una intersección, antes de ser embestido por una camioneta blanca para detenerlo.

Luego, los agentes sacaron a Durán Guerrero del automóvil y lo esposaron.

“Creo que para entonces ya era un cadáver”, relató el comerciante. También aseguró que el cuerpo cayó violentamente contra el suelo cuando fue retirado del vehículo.

“Esposaron a un muerto”, afirmó.

Durán Guerrero vivía a pocos metros del lugar donde murió. Trabajaba como repartidor y también limpiaba una clínica veterinaria para mantener a su familia.

Los vecinos lo recuerdan como un joven amable que solía acudir a una lavandería acompañado de su pequeña hija.

El alcalde de Biddeford calificó como inaceptable que los agentes no tuvieran cámaras corporales y exigió una investigación completa, transparente e independiente, con participación de las autoridades estatales.

También cuestionó las tácticas utilizadas por el ICE durante las detenciones de vehículos y advirtió que ese tipo de operativos no hizo más segura a la ciudad.

La agencia había decidido suspender temporalmente esos controles tras la muerte de dos migrantes en menos de una semana. Sin embargo, el presidente Donald Trump exigió que fueran reanudados y defendió públicamente el trabajo de los agentes migratorios.

La muerte de Durán Guerrero ha provocado vigilias y manifestaciones en diferentes puntos de Maine. Cientos de personas han salido a las calles para exigir justicia y denunciar la violencia empleada durante los operativos.

En Biddeford, una comunidad trabajadora con una importante población migrante, la indignación crece junto con la desconfianza.

La ciudad no solo quiere saber por qué murió Johan Sebastián Durán Guerrero.

También quiere saber por qué, después de dispararle, arrastraron su cuerpo y lo esposaron como si todavía representara una amenaza.

“Esposaron a un muerto”: una ciudad exige respuestas tras la muerte de un colombiano a manos del ICE

Biddeford. La sangre de Johan Sebastián Durán Guerrero todavía permanece sobre el asfalto. Junto a las manchas, los vecinos escribieron con tiza una frase imposible de ignorar: “Esto es sangre”.

El colombiano de 26 años murió el lunes tras recibir disparos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos mientras salía de su vivienda para ir a trabajar.

Tres días después, la ciudad de Biddeford continúa esperando una explicación clara.

En la esquina donde ocurrió el hecho, los residentes levantaron un altar con flores, fotografías, mensajes de cariño y carteles contra las autoridades migratorias. Durán Guerrero dejó una esposa y una hija de tres años.

La versión oficial sostiene que el agente disparó porque se sintió amenazado. Sin embargo, los testimonios de quienes presenciaron el operativo plantean serias dudas sobre lo ocurrido.

Los agentes no llevaban cámaras corporales, por lo que una grabación obtenida desde un negocio cercano se ha convertido en una pieza fundamental para reconstruir los hechos.

El propietario del establecimiento explicó que en las imágenes se observa el vehículo del colombiano dando vueltas en una intersección, antes de ser embestido por una camioneta blanca para detenerlo.

Luego, los agentes sacaron a Durán Guerrero del automóvil y lo esposaron.

“Creo que para entonces ya era un cadáver”, relató el comerciante. También aseguró que el cuerpo cayó violentamente contra el suelo cuando fue retirado del vehículo.

“Esposaron a un muerto”, afirmó.

Durán Guerrero vivía a pocos metros del lugar donde murió. Trabajaba como repartidor y también limpiaba una clínica veterinaria para mantener a su familia.

Los vecinos lo recuerdan como un joven amable que solía acudir a una lavandería acompañado de su pequeña hija.

El alcalde de Biddeford calificó como inaceptable que los agentes no tuvieran cámaras corporales y exigió una investigación completa, transparente e independiente, con participación de las autoridades estatales.

También cuestionó las tácticas utilizadas por el ICE durante las detenciones de vehículos y advirtió que ese tipo de operativos no hizo más segura a la ciudad.

La agencia había decidido suspender temporalmente esos controles tras la muerte de dos migrantes en menos de una semana. Sin embargo, el presidente Donald Trump exigió que fueran reanudados y defendió públicamente el trabajo de los agentes migratorios.

La muerte de Durán Guerrero ha provocado vigilias y manifestaciones en diferentes puntos de Maine. Cientos de personas han salido a las calles para exigir justicia y denunciar la violencia empleada durante los operativos.

En Biddeford, una comunidad trabajadora con una importante población migrante, la indignación crece junto con la desconfianza.

La ciudad no solo quiere saber por qué murió Johan Sebastián Durán Guerrero.

También quiere saber por qué, después de dispararle, arrastraron su cuerpo y lo esposaron como si todavía representara una amenaza.

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