Moscú asegura haber golpeado fábricas de armamento, aeródromos y depósitos militares, mientras Kiev denuncia una nueva escalada de bombardeos sobre su territorio
Moscú. Rusia anunció una nueva ofensiva a gran escala contra infraestructura militar ucraniana, con ataques dirigidos contra fábricas de armamento, aeródromos, centros logísticos y depósitos utilizados por las Fuerzas Armadas de Ucrania.
El Ministerio de Defensa ruso informó que la operación incluyó misiles de alta precisión y drones de largo alcance, y aseguró que todos los objetivos previstos fueron alcanzados. Entre los blancos mencionó instalaciones del complejo militar-industrial, centros de producción de drones, depósitos de municiones y bases aéreas empleadas por la aviación ucraniana. (teleSUR)
Según Moscú, la ofensiva forma parte de una campaña destinada a debilitar la capacidad militar de Ucrania y reducir el flujo de armas y suministros hacia el frente de combate.
Las autoridades ucranianas confirmaron una nueva oleada de ataques aéreos durante la noche, aunque afirmaron que parte de los misiles y drones fueron interceptados por sus sistemas de defensa antiaérea. Kiev también denunció daños en varias regiones y nuevas afectaciones a infraestructura crítica. (Cadena SER)
La ofensiva se produce en un momento de creciente intensidad militar.
Durante las últimas semanas, Ucrania ha incrementado sus ataques con drones contra objetivos dentro del territorio ruso, incluidos almacenes logísticos e instalaciones vinculadas a la industria de defensa, mientras Moscú ha respondido con bombardeos cada vez más frecuentes y de mayor alcance. (Cadena SER)
El conflicto también ha ampliado su impacto regional.
Incursiones de drones cerca del espacio aéreo de la OTAN y nuevos episodios de tensión diplomática mantienen en alerta a varios países vecinos, especialmente en Europa del Este. (El País)
Pese a los repetidos llamados internacionales a negociar un alto el fuego, ninguno de los dos bandos muestra señales de reducir la intensidad de las operaciones.
Por el contrario, la guerra continúa trasladándose cada vez más hacia la infraestructura estratégica, con ataques dirigidos a fábricas, redes logísticas, centros energéticos y capacidades industriales que sostienen el esfuerzo militar de ambos países.










