La guerra en Irán dejó de ser un titular lejano y se convirtió en una amenaza directa para el bolsillo dominicano. Por eso el presidente Luis Abinader habló al país con un mensaje que no fue de drama, sino de gestión: viene presión sobre combustibles, transporte, tarifas eléctricas y precios de alimentos, y el Gobierno está moviendo piezas para que el golpe no se convierta en crisis.
El contexto es claro: en una economía abierta como la nuestra, el precio internacional del petróleo no es un dato externo, es un interruptor. Cuando sube el crudo, sube el pasaje, sube el flete, sube el costo de producir y distribuir, y termina subiendo la comida. No hay magia, hay cadena.
Ormuz: el cuello del mundo
El punto más delicado de esta crisis tiene nombre y geografía: estrecho de Ormuz. Ese paso concentra cerca del 20% del flujo global de petróleo y gas. Si se frena o se vuelve inseguro, el mercado entra en modo pánico. Y en modo pánico, el precio no se comporta “normal”: se dispara por riesgo, por seguros más caros, por retrasos, por barcos que prefieren no cruzar.
Abinader subrayó que no estamos hablando de un aumento cualquiera, sino de un shock internacional donde la energía se convierte en arma y en factura a la vez.
RD: vulnerable, pero no improvisando
República Dominicana importa todos los combustibles que consume. Eso nos hace vulnerables. Pero el presidente insistió en que el país llega a esta crisis con algo que antes no siempre tuvo: una economía más fuerte, reservas más sólidas, experiencia reciente manejando choques externos y un marco fiscal con capacidad de respuesta.
La idea central del mensaje fue esta: no se puede controlar la guerra, pero sí se puede controlar la respuesta nacional.
Los tres objetivos del Gobierno
Abinader planteó una estrategia con tres metas concretas, diseñadas para sostener estabilidad sin patear el problema hacia adelante.
1) Mantener estabilidad macro, fiscal y social
El Gobierno prioriza proteger a los más vulnerables reforzando programas sociales y reasignando recursos desde partidas menos urgentes. Según lo explicado, se identificaron cerca de RD$10,000 millones para estos fines sin aumentar el gasto total. En otras palabras: mover el presupuesto para sostener el tejido social sin prender la alarma fiscal.
2) Evitar un salto fuerte en los alimentos
Aquí está el punto más sensible: que el shock energético termine en la canasta básica. Para eso, el Gobierno anunció monitoreo de precios e insumos agropecuarios y la reimplantación del subsidio a fertilizantes por RD$1,000 millones, con el objetivo de mantener precios previos a la crisis y evitar que el aumento internacional se traduzca en comida más cara.
3) Sostener inversión pública como motor del crecimiento
En crisis, muchos gobiernos se encogen y recortan inversión, y luego descubren que lo que “ahorraron” lo pagaron con desempleo y estancamiento. Abinader dijo lo contrario: la coyuntura no debe hipotecar el futuro, y la inversión pública debe mantenerse como ancla de crecimiento y empleo.
Combustibles: ajuste gradual, con un objetivo social claro
El presidente también explicó el enfoque en combustibles: reducir subsidios donde sea posible con aumentos graduales en gasolinas y gasoil, pero manteniendo el GLP congelado por su impacto social. La lógica es simple: el Estado no puede sostener indefinidamente subsidios totales si el petróleo se dispara, pero tampoco puede tirar el golpe completo sobre la gente de una sola vez.
La apuesta oficial es repartir el esfuerzo: que el Gobierno asuma la parte mayor, pero que haya ajustes medidos para no crear una bomba fiscal.
Electricidad y transición energética: no es discurso, es supervivencia
Otro eje del mensaje fue el sistema eléctrico. Abinader sostuvo que hoy el país está más diversificado y mejor “blindado” que antes, pero reconoció que habrá presiones si el petróleo se mantiene alto. Y por eso insistió en acelerar la transición hacia energías renovables: no como moda, sino como estrategia de seguridad nacional. Menos dependencia de combustibles fósiles significa menos vulnerabilidad cuando el mundo se incendia.
El mensaje político: sacrificio moderado o golpe duro después
El cierre de Abinader fue un llamado a la confianza, pero con una advertencia implícita: el verdadero riesgo sería no hacer nada y esperar que el mercado “se arregle solo”. El presidente planteó que los ajustes, aunque incómodos, son preferibles a una crisis mayor, y que el país puede salir adelante si actúa con disciplina y foco.
La traducción para la calle es esta: viene presión, sí. Pero la diferencia entre una presión manejable y una crisis es cómo se administra. Y el Gobierno está tratando de que la guerra no termine cobrando peaje en la mesa dominicana.










