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Un mes con la paz sitiada: Cuba hace filas de horas por un pollo y de hasta cuatro días por gasolina

La Habana. Lo que comenzó como una crisis energética se está transformando en una crisis cotidiana de supervivencia para millones de cubanos. Un mes después del inicio de las negociaciones entre Washington y La Habana, la paz sigue siendo frágil y la vida diaria continúa deteriorándose en gran parte de la isla.  

Según reporta El País, conseguir productos básicos se ha convertido en una prueba de resistencia. Hay ciudadanos que esperan horas para comprar un pollo y otros que permanecen hasta cuatro días en filas para obtener combustible.  

La raíz del problema sigue siendo la energía.

Cuba confirmó oficialmente en mayo que agotó sus reservas de diésel y fuel oil. El propio ministro de Energía reconoció que el país se quedó sin combustible para sostener con normalidad la generación eléctrica, el transporte y buena parte de los servicios esenciales.  

Las consecuencias se sienten en toda la economía:

  • apagones de hasta 20 y 22 horas diarias en algunas zonas;
  • transporte público prácticamente paralizado;
  • dificultades para distribuir alimentos;
  • interrupciones en servicios básicos;
  • escasez creciente de combustible en estaciones de servicio.  

La situación se agravó tras la reducción drástica de los suministros energéticos que Cuba recibía de Venezuela y México, dejando a la isla extremadamente dependiente de envíos puntuales y de negociaciones diplomáticas para garantizar combustible.  

Incluso organismos internacionales y organizaciones humanitarias han advertido que la crisis energética está afectando directamente el acceso a alimentos, agua, transporte, salud y otros servicios esenciales.  

Quizás la imagen más poderosa de todo esto no sea un discurso político ni una negociación diplomática.

Es una fila.

Una fila para gasolina.

Otra para pollo.

Otra para electricidad que tal vez llegue esa noche.

Porque cuando una sociedad empieza a medir el tiempo no por días o semanas, sino por cuántas horas faltan para conseguir comida, combustible o luz, la crisis deja de ser económica.

Se vuelve existencial.  

Y eso explica por qué Cuba parece estar viviendo algo más profundo que una simple escasez: una lucha diaria por mantener funcionando la normalidad cuando la normalidad ya casi no existe.  

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