Santo Domingo. La Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD) advirtió que cualquier eventual restricción que obligue a trasladar el transporte de carga exclusivamente al horario nocturno debe abordarse de forma integral, técnica y coordinada, evaluando cuidadosamente sus efectos sobre la operación logística, los costos empresariales y la seguridad del sistema productivo nacional. La posición surge en respuesta al debate abierto sobre limitar la circulación diurna de patanas y vehículos pesados para aliviar la congestión en el Gran Santo Domingo.
El sector industrial reconoce la necesidad urgente de mejorar la movilidad urbana.
Pero advierte que una solución apresurada podría trasladar el problema desde las avenidas hacia la estructura operativa de las empresas.
Mover toda la carga al horario nocturno implicaría reorganizar almacenes, extender turnos laborales, asumir mayores costos de vigilancia, reforzar seguridad logística y rediseñar cadenas completas de distribución.
La observación es razonable.
El tránsito dominicano necesita cirugía estructural, no remedios de impulso.
Restringir horarios puede aliviar presión vial.
Pero si no viene acompañado de planificación sistémica, infraestructura adecuada, coordinación empresarial y garantías operativas, el alivio podría convertirse en una distorsión costosa para la economía.
El debate expone una verdad elemental que este país suele descubrir después del caos, porque anticiparse parece deporte exótico por estos lados.
La movilidad no se resuelve desplazando un problema de hora.
Se resuelve rediseñando flujos.
República Dominicana enfrenta una saturación creciente de su red vial, impulsada por expansión urbana desordenada, aumento sostenido del parque vehicular y una infraestructura que avanza más lento que la demanda.
En ese contexto, el transporte pesado forma parte de la ecuación.
Pero no puede tratarse como variable aislada.
La AIRD plantea que cualquier reforma debe integrar al Estado, al sector transporte, a puertos, centros logísticos, zonas industriales y empresas receptoras.
La clave no está en prohibir por reflejo.
Está en ordenar con inteligencia.
El transporte nocturno puede ser parte de la solución.
Pero solo si forma parte de una estrategia más amplia de movilidad nacional.
Porque cuando una política pública se diseña sin mirar toda la cadena, suele terminar produciendo exactamente lo contrario de lo que prometía resolver.










