Santo Domingo. Un solo paciente gravemente herido en un accidente de tránsito puede costarle alrededor de RD$2 millones al sistema público de salud. La cifra, revelada por especialistas del Hospital Traumatológico Ney Arias Lora, expone una realidad que República Dominicana suele ignorar: los accidentes de tránsito no solo cobran vidas, también consumen enormes recursos públicos que podrían destinarse a otras necesidades sanitarias.
El costo incluye cirugías complejas, múltiples intervenciones, medicamentos, cuidados intensivos, rehabilitación y largas hospitalizaciones. En muchos casos, el tratamiento se prolonga durante meses y exige la participación de equipos médicos altamente especializados.
La consecuencia va mucho más allá del paciente.
Cada cama ocupada por un accidentado grave es una cama menos para otra emergencia. Cada millón invertido en atender lesiones evitables es un millón que deja de financiar prevención, atención primaria o tratamientos para otras enfermedades.
República Dominicana arrastra desde hace años una de las tasas más altas de mortalidad por accidentes de tránsito de la región. Motocicletas, exceso de velocidad, imprudencia, alcohol, escaso uso del casco y débil fiscalización siguen alimentando una crisis que ya dejó de ser únicamente un problema de movilidad para convertirse en un problema de salud pública.
Sin embargo, el debate suele concentrarse únicamente en el número de fallecidos.
Pocas veces se habla del enorme impacto económico que producen quienes sobreviven con lesiones graves. Detrás de cada accidente existe una cadena de costos que asumen el Estado, las familias y la economía nacional.
La respuesta no puede limitarse a construir más hospitales o adquirir mejores equipos médicos.
La política más eficiente sigue siendo evitar que los accidentes ocurran.
Mayor fiscalización, educación vial, infraestructura segura, sanciones efectivas y un control más estricto sobre los conductores reincidentes continúan siendo herramientas mucho más económicas que atender las consecuencias.
La prevención rara vez ocupa titulares.
Pero cada accidente evitado representa una vida protegida, una familia que no queda marcada y millones de pesos que el sistema de salud puede destinar a salvar otras vidas.
Porque cuando un accidente cuesta RD$2 millones por paciente, el verdadero lujo no es invertir en prevención.
El verdadero desperdicio es seguir aceptando la imprudencia como parte normal del tránsito dominicano.










