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Consulta Nacional plantea renovar la educación dominicana y abrir paso a una nueva ley educativa

Santo Domingo. El Gobierno puso en marcha la Consulta Nacional para el Futuro de la Educación Dominicana, un proceso que busca escuchar a estudiantes, docentes, familias, especialistas, sectores productivos y organizaciones sociales para construir una visión compartida sobre el sistema educativo que necesita el país en las próximas décadas. La iniciativa forma parte del mandato establecido mediante el Decreto 309-26.  

Más que una serie de encuentros, la consulta tiene un objetivo político e institucional de gran alcance: reunir los aportes necesarios para avanzar hacia una nueva ley de educación que sustituya el marco legal vigente y responda a los desafíos tecnológicos, económicos y sociales del siglo XXI.  

El proceso es impulsado conjuntamente por el Ministerio de Educación, el Ministerio de Educación Superior, el Ministerio de Administración Pública y el INFOTEP, y contempla la realización de foros regionales, sectoriales y espacios de participación que se extenderán hasta julio.  

Lo interesante es que la discusión parece partir de una premisa que muchos dominicanos comparten:

el problema de la educación ya no es únicamente acceso.

Es pertinencia.

La pregunta dejó de ser cuántos niños llegan a la escuela.

La pregunta es si la escuela está preparando a esos niños para el mundo que les tocará vivir.

Durante décadas, el debate educativo dominicano se concentró en presupuesto, infraestructura y cobertura.

Todos temas importantes.

Pero hoy aparecen desafíos distintos:

  • competencias digitales;
  • pensamiento crítico;
  • formación docente;
  • inteligencia artificial;
  • educación técnica;
  • empleabilidad;
  • adaptación a una economía cada vez más tecnológica.  

El ministro de Educación, Luis Miguel De Camps, sostuvo que la consulta busca recoger los aportes de todos los sectores para construir un modelo educativo capaz de responder a los desafíos del presente y del futuro. Por su parte, el ministro de Educación Superior, Rafael Santos Badía, destacó la necesidad de adecuar la formación y los procesos de aprendizaje a una generación que crece en un entorno cada vez más dinámico y tecnológico.  

La iniciativa llega en un momento oportuno.

La revolución tecnológica está transformando el mercado laboral a una velocidad que los sistemas educativos tradicionales apenas logran seguir.

Y un país que aspire a competir en áreas como semiconductores, manufactura avanzada, inteligencia artificial o servicios de alto valor agregado necesitará algo más que escuelas.

Necesitará una educación diseñada para el siglo XXI.

Porque las reformas educativas suelen producir pocos titulares inmediatos.

Pero terminan definiendo el país que existe veinte años después.  

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