El robo de US$6,360 millones a Binance vuelve a colocar bajo sospecha a los hackers norcoreanos. Investigaciones internacionales revelan una estructura de ciberdelincuencia que combina tecnología avanzada, robo de criptomonedas y empleos fraudulentos para obtener divisas.
Corea del Norte ha encontrado en los delitos informáticos una fuente de ingresos capaz de generar miles de millones de dólares, pese a las sanciones internacionales que restringen su acceso al sistema financiero mundial.
La magnitud de esta actividad volvió a quedar expuesta tras el reciente ataque contra Binance, la mayor plataforma de intercambio de criptomonedas del mundo, de cuyas carteras fueron sustraídos activos valorados en aproximadamente US$6,360 millones.
La empresa de seguridad blockchain TRM Labs atribuye el ataque, con un alto grado de confianza, a TraderTraitor, una organización vinculada al grupo Lazarus, asociado al régimen de Kim Jong-un. Sin embargo, la responsabilidad todavía no ha sido confirmada oficialmente por el FBI.
El incidente supera ampliamente el robo de US$1,500 millones sufrido por Bybit en febrero de 2025, cuya autoría sí fue atribuida por las autoridades estadounidenses a operadores norcoreanos.
Las cifras muestran que no se trata de hechos aislados. Según Chainalysis, los grupos vinculados a Corea del Norte sustrajeron US$2,020 millones en criptomonedas durante 2025, un incremento del 51 % respecto al año anterior. Hasta entonces, el acumulado histórico alcanzaba US$6,750 millones.
Los investigadores también han identificado una evolución en las técnicas utilizadas. La empresa Kaspersky documentó una operación denominada FlashHole, dirigida contra compañías surcoreanas, en la que los atacantes emplearon identidades falsas y herramientas de cifrado poscuántico para dificultar la detección de programas maliciosos.
Esta tecnología está diseñada para resistir futuros ataques de computadoras cuánticas, lo que evidencia el nivel de especialización de algunas de estas organizaciones.
El régimen también obtiene ingresos mediante trabajadores informáticos que consiguen empleos remotos en empresas extranjeras utilizando identidades robadas. El Departamento de Justicia estadounidense descubrió una red que afectó a más de 70 compañías y generó aproximadamente US$3 millones.
Washington sostiene que los recursos obtenidos mediante estas operaciones contribuyen a financiar al Gobierno norcoreano y sus programas de armamento estratégico. Un informe de Naciones Unidas de 2024 estimó que los robos de criptomonedas podían representar hasta la mitad de las divisas recibidas por el país.
La combinación de ataques financieros, infiltración laboral y herramientas informáticas avanzadas ha convertido la ciberdelincuencia en un instrumento económico y estratégico para Pyongyang.
El caso demuestra que las restricciones comerciales y financieras tradicionales no impiden necesariamente que un Estado obtenga recursos en el exterior. En la economía digital, una operación informática puede movilizar cantidades de dinero superiores a las que muchos países consiguen mediante sus exportaciones.










