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Dormir con televisión o podcast puede revelar que el cerebro está evitando el silencio

La psicología relaciona este hábito con la necesidad de frenar pensamientos repetitivos y ansiedad antes de dormir, aunque convertirlo en rutina puede terminar perjudicando el descanso

Madrid. Para muchas personas, dormir en silencio resulta casi imposible.

Necesitan una serie conocida, un podcast, la televisión encendida o algún ruido constante que permanezca de fondo hasta quedarse dormidas.

La psicología tiene una explicación sencilla.

Cuando desaparecen las distracciones del día, el cerebro encuentra espacio para volver sobre preocupaciones, conversaciones pendientes, problemas y pensamientos repetitivos.

El sonido funciona entonces como una especie de ancla.

Una voz conocida o una historia que no exige demasiada atención ocupa parte de la mente y reduce temporalmente el espacio disponible para la rumiación.

No significa necesariamente que exista un trastorno psicológico.

Puede ser simplemente un hábito aprendido.

El problema comienza cuando el cerebro termina asociando ese estímulo con la única forma posible de conciliar el sueño.

Con el tiempo, una persona puede acostumbrarse tanto a dormir escuchando televisión o podcasts que el silencio empiece a resultarle extraño e incluso incómodo.

Ahí aparece la dependencia del hábito.

El sueño tampoco desconecta completamente al cerebro del entorno.

Incluso mientras dormimos, el sistema auditivo continúa reaccionando a sonidos y puede distinguir cambios en las voces y otros estímulos.

Por eso la televisión resulta especialmente poco recomendable.

Los diálogos, música, anuncios y cambios repentinos de volumen pueden provocar pequeños despertares que la persona ni siquiera recuerda al día siguiente, pero que fragmentan el descanso.

La pantalla añade otro problema.

La exposición nocturna a luz artificial puede alterar los ritmos circadianos y dificultar que el organismo mantenga adecuadamente las fases del sueño.

El ruido blanco o los sonidos constantes pueden ser menos invasivos porque enmascaran ruidos externos sin cambios bruscos, aunque tampoco existe evidencia suficiente para recomendar su uso permanente a todo el mundo.

Para quien ya necesita algún sonido para dormir, abandonarlo de golpe tampoco es imprescindible.

Una estrategia razonable consiste en reducir gradualmente el estímulo: utilizar contenidos conocidos, bajar el volumen, programar un temporizador y eventualmente pasar a sonidos menos complejos.

Dormirse escuchando un podcast no significa que haya algo extraño detrás.

Pero si el silencio se vuelve insoportable, quizás el verdadero problema no sea que falte ruido.

Es todo lo que aparece cuando el ruido desaparece.

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