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El viaje de Ayuso a México desata incomodidad dentro del PP y reabre tensiones con Feijóo

Madrid. El polémico viaje de Isabel Díaz Ayuso a México terminó provocando incomodidad incluso dentro de su propio partido, donde varios dirigentes del Partido Popular consideran que la presidenta madrileña convirtió una visita institucional en una operación excesiva de confrontación política y marketing personal.  

La gira, prevista originalmente por diez días, incluía homenajes a Hernán Cortés, actos políticos, reuniones empresariales y participación en los Premios Platino. Pero terminó marcada por polémicas diplomáticas, cancelaciones, acusaciones de boicot, críticas históricas y un regreso anticipado a España.  

Según dirigentes del PP citados por El País, el viaje generó molestia porque coincidió con plena campaña andaluza y porque muchos consideran que Ayuso terminó eclipsando la estrategia más moderada e institucional impulsada por Alberto Núñez Feijóo.  

Las críticas internas apuntan especialmente a:

  • duración inusual del viaje
  • tono confrontacional
  • reivindicación de la Conquista española
  • declaraciones históricas polémicas
  • exceso de protagonismo mediático.  

La frase que más incendió el debate fue pronunciada por la propia Ayuso en la Asamblea de Madrid:

“México no existió hasta que llegaron los españoles”.  

La declaración provocó reacciones inmediatas desde el gobierno mexicano, sectores académicos y medios españoles. La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum respondió invitando a Ayuso a “aprender más” sobre la historia y riqueza cultural mexicana.  

Mientras tanto, dirigentes del PP intentaron públicamente bajar el tono. La dirección nacional evitó criticar directamente a Ayuso, pero tampoco respaldó plenamente el viaje ni su desarrollo.  

Uno de los elementos más incómodos para Génova fue que el viaje terminó mezclando:

  • política exterior
  • guerra cultural
  • revisionismo histórico
  • campaña personal
  • tensiones diplomáticas.  

El propio ex canciller europeo Josep Borrell criticó las “peripecias mexicanas” de Ayuso y recordó que la política exterior corresponde al gobierno central, no a liderazgos regionales.  

El episodio también evidencia algo más profundo dentro de la derecha española.

Feijóo intenta construir una imagen presidencial, moderada y gestionable.

Ayuso, en cambio, parece apostar por otra lógica:
polarización, batalla cultural y confrontación permanente.

Y aunque eso le da enorme visibilidad, también empieza a generar una preocupación silenciosa dentro de su propio partido:

que el personaje termine devorando la institución.

La política moderna tiene esa enfermedad curiosa.

A veces los líderes dejan de representar al partido.

Y el partido empieza a sobrevivir alrededor del espectáculo del líder.  

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