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Estados Unidos prohíbe los robots humanoides chinos y abre otro frente tecnológico con Pekín

Washington bloquea la entrada de nuevos robots humanoides y cuadrúpedos fabricados en China por temor al espionaje, los ciberataques y la dependencia industrial

Washington. Estados Unidos abrió un nuevo frente en su guerra tecnológica contra China.

La Comisión Federal de Comunicaciones prohibió la autorización de nuevos robots humanoides y cuadrúpedos de fabricación china, al considerar que estos equipos podrían convertirse en herramientas de espionaje, sabotaje o acceso a infraestructuras estratégicas.

La medida también alcanza determinados inversores de potencia conectados, dispositivos esenciales para integrar baterías y fuentes de energía renovable con redes eléctricas y centros de datos.

La restricción afecta inicialmente a los modelos nuevos que todavía no han recibido autorización para entrar al mercado estadounidense. Sin embargo, la FCC también se reservó la posibilidad de revisar o revocar permisos concedidos anteriormente. (Xataka)

El argumento oficial es la seguridad nacional.

Washington teme que robots conectados, equipados con cámaras, micrófonos, sensores, sistemas de navegación e inteligencia artificial puedan recopilar información sensible, penetrar redes privadas o servir como puntos de entrada para ataques informáticos.

La preocupación aumenta porque estos equipos podrían operar dentro de fábricas, almacenes, hospitales, oficinas, centros logísticos e instalaciones críticas.

No serían simples máquinas.

Serían dispositivos móviles capaces de observar, escuchar, transmitir datos y actuar físicamente dentro de espacios estratégicos.

Estados Unidos quiere evitar que la robótica repita la historia de otros sectores en los que China logró una posición dominante gracias a costos más bajos, producción masiva y respaldo estatal.

Pekín ya controla una parte decisiva de la fabricación mundial de drones, baterías, paneles solares, tierras raras e inversores de potencia.

Ahora también avanza rápidamente en el desarrollo de robots humanoides, una industria que podría transformar la manufactura, la logística, el cuidado de personas y numerosos trabajos físicos durante la próxima década. (Xataka)

Las empresas afectadas podrán solicitar autorizaciones excepcionales mediante un proceso supervisado por el Pentágono y el Departamento de Seguridad Nacional.

El modelo reproduce las restricciones aplicadas anteriormente a drones y equipos de telecomunicaciones chinos.

La decisión también busca proteger a los fabricantes estadounidenses.

Representantes del Congreso celebraron la medida como una forma de impedir que compañías chinas entren masivamente al mercado, reduzcan los precios y terminen desplazando a una industria robótica estadounidense todavía en desarrollo.

La prohibición probablemente incluirá excepciones para fabricantes de países aliados.

La lógica de Washington es sencilla: reducir la dependencia de China sin renunciar a importar tecnología extranjera.

La batalla ya no se limita a chips, teléfonos, redes 5G, vehículos eléctricos o inteligencia artificial.

Ahora también incluye máquinas con brazos, piernas, cámaras y capacidad de moverse entre los humanos.

Estados Unidos no quiere descubrir dentro de diez años que los robots que trabajan en sus fábricas, vigilan sus almacenes y recorren sus edificios responden a una cadena tecnológica controlada desde China.

Ha decidido prohibirlos antes de que lleguen.

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