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Guerra en Oriente Medio golpea la economía mundial: petróleo supera los US$100 y los mercados caen

La escalada de la guerra en Oriente Medio está dejando de ser un conflicto regional para convertirse en un problema económico global. Con el estrecho de Ormuz paralizado y nuevas amenazas de Teherán, el petróleo volvió a dispararse por encima de los US$100 y las bolsas reaccionaron en rojo, en medio de crecientes temores sobre suministro, inflación y energía.

El nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, prometió mantener bloqueado Ormuz y advirtió que continuarán los ataques a bases estadounidenses en la región. Ese mensaje elevó la prima de riesgo en el mercado energético y empujó al crudo a sus niveles más altos desde 2022.

En la jornada, el Brent, referencia internacional, subió 9.22% y cerró en US$100.46 por barril, su máximo desde agosto de 2022. El West Texas Intermediate (WTI) avanzó 9.72% hasta US$95.73. En términos prácticos, la escalada significa lo mismo de siempre: energía más cara, transporte más caro, y costos más altos en toda la cadena.

En Estados Unidos el impacto ya se siente en el consumo: el precio de la gasolina aumentó 48 centavos de dólar en una semana, un salto que suele trasladarse rápidamente a logística, alimentos y servicios.

Ante el repunte del crudo, el Gobierno estadounidense anunció una medida extraordinaria para contener la escalada: autorizará temporalmente la compra de petróleo ruso que ya esté en tránsito, con el objetivo de sumar oferta al mercado y reducir presión sobre los precios. La ventana de esa exención estará vigente hasta el 11 de abril.

En Europa, la preocupación es doble: energía y política monetaria. Los líderes de la Unión Europea discutirán el impacto económico de la guerra el 19 de marzo, en un contexto en el que la inflación de la eurozona subió en febrero a 1.9% interanual. Los escenarios manejados anticipan que, si la guerra se prolonga algunas semanas más, la inflación podría volver a colocarse en torno al rango medio del 2%, con riesgos mayores si el conflicto se extiende. España, por su parte, anunció que prepara un paquete fiscal para limitar el impacto del alza en electricidad y combustibles.

El conflicto también sigue escalando en el terreno militar. Israel reportó nuevos ataques contra centros de mando de Hizbulá en el sur del Líbano y en Beirut. Irán respondió con otra oleada de misiles hacia Israel, y su Guardia Revolucionaria elevó el tono contra las tropas estadounidenses en la región, aumentando el riesgo de expansión del conflicto.

La lectura económica es clara: mientras Ormuz siga afectado y la guerra continúe ampliándose, el mundo pagará en tres frentes simultáneos: petróleo, inflación y mercados financieros. En una economía global frágil, la energía vuelve a ser lo que siempre fue en tiempos de guerra: el termómetro y la factura.

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