Las empresas chinas que parecían llamadas a romper el dominio de Samsung, SK Hynix y Micron han comenzado a aprovechar la escasez global y el crecimiento de la demanda
Los fabricantes chinos de memoria RAM prometían convertirse en una alternativa frente al dominio de Samsung, SK Hynix y Micron. En lugar de aliviar el mercado, han decidido jugar exactamente el mismo juego: producir para la inteligencia artificial y cobrar más.
La expansión de los centros de datos ha disparado la demanda de memorias utilizadas en servidores. Los grandes fabricantes están concentrando buena parte de su capacidad en ese negocio, mucho más rentable que la venta de componentes para computadoras personales y teléfonos móviles.
La consecuencia es una escasez creciente en el mercado de consumo.
Ante esa situación, empresas como Apple, Lenovo y Asus comenzaron a buscar proveedores chinos. CXMT y YMTC aparecieron como las principales alternativas, después de años de inversiones, subsidios estatales y avances tecnológicos.
La expectativa era que estas compañías entraran al mercado con precios agresivos para ganar clientes y disputar terreno a los fabricantes tradicionales. No ocurrió.
CXMT ha comenzado a elevar el precio de sus memorias, incluso frente a Huawei, uno de sus principales socios dentro de China. Cuando Huawei pidió mejores condiciones, la empresa se negó a ceder.
La tensión ha escalado hasta el punto de que Huawei estudia construir su propia planta de memoria DRAM para reducir su dependencia de proveedores externos.
El comportamiento de CXMT muestra hasta qué punto ha cambiado el equilibrio del mercado. La empresa ya es considerada el cuarto mayor fabricante mundial de memorias y ha ganado capacidad para negociar desde una posición de fuerza.
Su prioridad tampoco parece estar en los dispositivos de consumo.
CXMT alcanzó acuerdos valorados en más de US$7,000 millones con ByteDance y superiores a US$3,000 millones con Tencent para suministrar memorias destinadas a centros de datos e inteligencia artificial.
El dinero está en los servidores. Los fabricantes lo saben.
Mientras crece la demanda tecnológica, los consumidores enfrentan precios más altos y una oferta limitada de memorias para computadoras, teléfonos y otros dispositivos.
La entrada de China tampoco garantiza mayor competencia. Cuando una industria requiere inversiones enormes y está controlada por pocas compañías, los nuevos actores no necesariamente llegan para reducir precios. Llegan para aprovecharlos.
Estados Unidos observa el crecimiento de las empresas chinas con preocupación. YMTC ya figura en la lista de entidades sometidas a restricciones comerciales, mientras Micron presiona para que Washington imponga controles más severos contra CXMT.
Apple, en cambio, busca que esas restricciones no se amplíen. La empresa necesita nuevos proveedores de memoria y China aparece como una de las pocas fuentes capaces de aumentar la oferta.
La batalla por la memoria ya no es solamente comercial. También forma parte de la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China.
Pero para los consumidores el resultado inmediato es mucho menos épico: menos componentes disponibles y precios más altos.










