Inicio / Politica / La ultraderecha gana terreno en Colombia y sacude el tablero político rumbo a 2026

La ultraderecha gana terreno en Colombia y sacude el tablero político rumbo a 2026

Bogotá. El ascenso de fuerzas de ultraderecha comienza a redefinir el mapa político colombiano de cara a las elecciones presidenciales de 2026, en un giro que refleja el creciente desgaste del progresismo, la polarización social y el retorno del discurso de orden como eje central de campaña.

Diversos sondeos y movimientos recientes dentro del espectro conservador muestran una consolidación de candidaturas y alianzas que buscan capitalizar el descontento acumulado frente al gobierno de Gustavo Petro.

El fenómeno responde a una combinación de factores:

  • frustración económica
  • percepción de inseguridad
  • desencanto institucional
  • desgaste de las reformas estructurales impulsadas desde la izquierda
  • y una narrativa cada vez más agresiva contra el modelo progresista latinoamericano.

La ultraderecha colombiana ha logrado reposicionarse utilizando una fórmula ya ensayada en otros países:

presentarse como alternativa frente al caos, prometer autoridad y ofrecer certezas simples frente a problemas complejos.

El discurso se apoya en tres grandes pilares:

seguridad, estabilidad económica y rechazo frontal a lo que denominan “experimentos ideológicos”.

La estrategia busca conectar con sectores urbanos, empresariales, clases medias golpeadas por la incertidumbre y votantes desencantados que respaldaron el cambio en 2022 pero hoy expresan fatiga política.

El escenario recuerda una dinámica regional cada vez más visible.

Cuando los proyectos progresistas no logran traducir expectativas en resultados tangibles, emergen fuerzas que convierten la frustración social en combustible electoral.

No necesariamente porque tengan mejores respuestas.

A veces basta con parecer más decididos.

En Colombia, el avance de este bloque abre un nuevo capítulo en una región donde el péndulo ideológico vuelve a moverse con velocidad.

El desafío para el progresismo será evitar que la elección se convierta en un plebiscito emocional dominado por miedo, decepción y nostalgia de mano dura.

Porque cuando la política deja de ofrecer esperanza verificable, la ciudadanía suele refugiarse en promesas de orden.

Y en América Latina, cada vez que la palabra orden se vuelve demasiado seductora, conviene revisar con cuidado qué viene escondido detrás.

Etiquetado:

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *