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Los hutíes: el aliado que le queda a Irán

Durante años fueron tratados como un problema de Yemen.

Ya no lo son.

Los hutíes se han convertido en una de las piezas más importantes de la guerra que enfrenta a Irán con Estados Unidos e Israel. Y su importancia no está únicamente en los misiles que pueden lanzar, sino en el lugar desde donde pueden hacerlo.

Controlan Saná y buena parte del norte de Yemen. En los últimos días avanzaron además sobre la costa del mar Rojo, tomaron el estratégico puerto de Moca y consolidaron posiciones junto al estrecho de Bab el Mandeb, una de las principales rutas marítimas del planeta. (Reuters)

Los hutíes, cuyo nombre oficial es Ansar Allah, surgieron entre la población chiita zaidí del norte de Yemen. Pasaron de movimiento religioso y político a insurgencia armada y en 2014 conquistaron Saná, provocando una guerra civil en la que Arabia Saudita intervino militarmente un año después. (CFR)

Doce años de guerra no consiguieron destruirlos.

Tampoco los bombardeos sauditas, estadounidenses, británicos o israelíes.

Irán encontró allí un aliado extraordinariamente útil.

Teherán les ha suministrado durante años entrenamiento, tecnología, componentes para drones y misiles y otro apoyo militar. Sin embargo, reducir a los hutíes a simples títeres iraníes sería incorrecto: el movimiento tiene raíces, liderazgo e intereses propios dentro de Yemen y conserva capacidad para tomar decisiones autónomas. (CFR)

Eso quizá los hace todavía más importantes.

Hezbolá ha sufrido golpes severos. Hamás quedó enormemente debilitado. El antiguo régimen sirio de Bashar al Asad desapareció. Buena parte de la arquitectura regional que Irán construyó durante décadas quedó dañada.

Los hutíes, en cambio, sobrevivieron.

Y crecieron.

Desde 2023 demostraron que una organización armada relativamente barata puede obligar a algunas de las mayores navieras del mundo a modificar sus rutas. Misiles, drones y ataques contra barcos en el mar Rojo hicieron que numerosos buques abandonaran el paso por Bab el Mandeb y tomaran la ruta mucho más larga alrededor de África. (DIA)

Ahora el problema es mayor.

La guerra con Irán ha reducido severamente el tránsito por el estrecho de Ormuz. Al mismo tiempo, el avance hutí coloca presión sobre Bab el Mandeb, la puerta sur del mar Rojo y, por extensión, del canal de Suez.

Es decir: dos de los principales cuellos de botella energéticos del planeta están condicionados simultáneamente por Irán o por fuerzas alineadas con Teherán. (BBC)

Los hutíes han afirmado que no pretenden bloquear todo el comercio internacional y recientemente dijeron que concentrarían sus acciones contra intereses sauditas. La experiencia obliga, sin embargo, a tomar esas garantías con cautela: durante la guerra de Gaza aseguraron que perseguían embarcaciones vinculadas con Israel, pero también fueron atacados buques sin conexiones aparentes con ese país. (BBC)

Arabia Saudita vuelve así a encontrarse frente al enemigo que intentó derrotar durante casi una década.

Y Estados Unidos enfrenta un dilema todavía más incómodo: atacar masivamente a los hutíes puede abrir otro frente de una guerra ya extensa; dejarlos actuar permite que una fuerza aliada de Irán mantenga capacidad de presión sobre una de las arterias comerciales más sensibles del mundo.

Ese es el verdadero valor de los hutíes para Teherán.

Irán no necesita controlar directamente Yemen.

Le basta con tener allí un aliado armado, difícil de destruir, capaz de disparar misiles y drones, amenazar infraestructura petrolera y obligar al comercio mundial a mirar nerviosamente un estrecho de apenas unas decenas de kilómetros.

En una guerra moderna, eso también es poder.

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