Una nueva encuesta coloca al presidente con 45 % frente a 44 % de Bolsonaro en segunda vuelta; seguridad, economía y la relación con Estados Unidos pueden decidir una elección abierta
Brasilia. Brasil entra en la recta final de sus elecciones presidenciales con una carrera que prácticamente no podría estar más cerrada.
Una encuesta divulgada este jueves coloca al presidente Luiz Inácio Lula da Silva con 45 % de intención de voto frente a 44 % de Flávio Bolsonaro en una eventual segunda vuelta.
Es un empate técnico.
Otros sondeos recientes muestran pequeñas diferencias entre ambos, pero coinciden en algo: ninguno ha conseguido despegar y la elección permanece abierta.
La disputa enfrenta dos proyectos políticos casi opuestos.
Lula busca un cuarto mandato defendiendo un Estado con fuerte inversión social, mayor protagonismo internacional de Brasil y una política exterior orientada hacia los BRICS y el llamado Sur Global.
Bolsonaro propone reducir el gasto público, eliminar al menos diez ministerios, retomar privatizaciones y estrechar considerablemente la relación con Estados Unidos.
Pero la seguridad pública puede terminar siendo el asunto que decida la elección.
Por primera vez en las mediciones recientes, los brasileños la colocan por encima de la corrupción entre los principales problemas del país.
Bolsonaro propone declarar al Primer Comando de la Capital y al Comando Vermelho organizaciones narcoterroristas, reducir de 18 a 16 años la edad de responsabilidad penal, construir cinco cárceles de máxima seguridad e involucrar directamente a las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico.
Lula plantea otra receta: crear un Ministerio de Seguridad Pública, fortalecer la coordinación con los estados y concentrar mayores recursos en inteligencia y prevención.
Estados Unidos también se metió en la campaña.
La cercanía de Flávio Bolsonaro con Donald Trump le garantiza apoyo entre sectores conservadores, pero permite a Lula presentarse como defensor de la soberanía brasileña frente a las presiones de Washington.
Ese argumento ha funcionado.
El problema para Lula está en crecer más allá de su base tradicional. Su apoyo continúa siendo fuerte entre trabajadores, sectores de menores ingresos y votantes históricamente vinculados al Partido de los Trabajadores, pero su rechazo también es elevado.
Flávio tiene un problema parecido.
Carga con el apellido, la polarización y parte del rechazo acumulado por su padre.
Faltan pocas semanas.
Lula tiene 45 %.
Bolsonaro, 44 %.
Brasil no está decidiendo simplemente quién será presidente.
Está partido prácticamente por la mitad.










