Puerto Príncipe, Haití. Más de 80 personas murieron en apenas cinco días como resultado de violentos enfrentamientos entre pandillas armadas en Haití, según reportes de organismos internacionales y autoridades locales.
La ola de violencia se concentró principalmente en zonas de Puerto Príncipe y áreas periféricas controladas por grupos armados rivales que continúan disputándose territorio, rutas de tráfico y control comunitario.
Además de los fallecidos, decenas de personas resultaron heridas y miles tuvieron que abandonar sus hogares en medio de incendios, ataques armados y bloqueos de barrios enteros.
La Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití advirtió que la situación humanitaria sigue deteriorándose rápidamente y que amplias zonas del país permanecen prácticamente fuera del control efectivo del Estado.
Las pandillas continúan expandiendo su dominio sobre carreteras estratégicas, puertos, barrios urbanos y corredores de abastecimiento, afectando transporte, alimentos, combustible y servicios básicos.
El aumento reciente de la violencia ocurre pese al despliegue parcial de la misión multinacional de apoyo liderada por Kenia, que todavía enfrenta limitaciones operativas, logísticas y de personal.
Mientras tanto:
- continúan secuestros
- desplazamientos masivos
- ataques a comunidades
- asesinatos colectivos
- colapso institucional en varias regiones del país.
La ONU y organizaciones humanitarias alertan que la población civil sigue atrapada entre grupos armados, pobreza extrema y un Estado incapaz de recuperar control territorial sostenido.
La crisis haitiana ya dejó de ser solamente un problema de seguridad.
Ahora es una fractura completa del Estado.
Y cada semana que pasa sin estabilización real hace más difícil reconstruir algo parecido a autoridad, confianza o normalidad.
Haití no está viviendo simplemente violencia criminal.
Está viviendo una disputa abierta por quién manda realmente en el país.










