Santo Domingo. El arzobispo coadjutor de Santo Domingo, Carlos Tomás Morel Diplán, lanzó una crítica al creciente desorden que observa en las vías públicas del país y advirtió sobre el deterioro de la convivencia ciudadana reflejado en el tránsito, la falta de respeto a las normas y el debilitamiento de la cultura cívica.
La reflexión del prelado trasciende el tema del transporte.
En realidad, apunta a una cuestión más profunda: la relación de los dominicanos con la autoridad, las reglas y el espacio público.
República Dominicana ha invertido miles de millones de pesos en carreteras, elevados, túneles, corredores y sistemas de transporte. Sin embargo, el comportamiento ciudadano continúa siendo uno de los principales obstáculos para mejorar la movilidad y reducir los accidentes.
No es la primera vez que Morel Diplán aborda problemas estructurales del país desde una perspectiva moral y educativa. En meses recientes ha señalado que fenómenos como la corrupción tienen raíces profundas vinculadas a la formación en valores y al cumplimiento efectivo de las normas.
Su observación toca un punto sensible.
Cada día millones de dominicanos enfrentan tapones, imprudencias, violaciones a las señales de tránsito, invasión de carriles, estacionamientos irregulares y conductas que convierten la movilidad en una experiencia de estrés permanente.
El problema ya no parece ser únicamente de infraestructura.
También es de comportamiento.
Y ahí es donde la crítica del arzobispo adquiere relevancia.
Porque las sociedades no funcionan solamente con leyes.
Funcionan cuando una mayoría de ciudadanos decide respetarlas incluso cuando no hay un agente observando.
La República Dominicana ha avanzado en obras, tecnología e institucionalidad. Pero el tránsito sigue siendo uno de los lugares donde se expresa con mayor crudeza la distancia entre las normas escritas y las conductas reales.
La advertencia de Morel Diplán apunta precisamente a esa contradicción.
No basta con construir más vías.
También hay que construir más ciudadanía.









