Lima, Perú. Perú confirmó oficialmente que Keiko Fujimori y Roberto Sánchez disputarán la segunda vuelta presidencial el próximo 7 de junio, tras un conteo que tardó 33 días y estuvo marcado por denuncias de fraude, retrasos y crisis institucional.
Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori, obtuvo alrededor del 17 % de los votos. Roberto Sánchez, candidato de izquierda vinculado a Juntos por el Perú y cercano al discurso político de Pedro Castillo, alcanzó cerca del 12 %, superando por un margen estrechísimo al ultraconservador Rafael López Aliaga.
La elección dejó una fotografía bastante brutal del sistema político peruano:
los dos candidatos finalistas juntos apenas sumaron alrededor del 29 % del electorado.
Eso significa que más del 70 % votó por otros candidatos, anuló o simplemente se abstuvo. Una democracia donde casi nadie parece realmente entusiasmado con quienes llegan a la final. Fascinante mecanismo de legitimidad emocional.
El proceso estuvo plagado de problemas:
- retrasos logísticos
- miles de actas observadas
- acusaciones de fraude sin pruebas
- campañas de desinformación
- protestas frente a organismos electorales
- renuncia del jefe de la ONPE bajo investigación.
Rafael López Aliaga, que perdió el pase al balotaje por poco más de 20 mil votos, denunció fraude masivo y llamó a protestas, aunque observadores internacionales señalaron que no encontraron evidencia de manipulación electoral.
El enfrentamiento ahora será profundamente polarizado:
- Fujimori representa orden, conservadurismo y continuidad económica promercado
- Sánchez encarna una izquierda nacionalista más cercana al legado político de Pedro Castillo.
Keiko llega además con el peso simbólico de su apellido:
para unos representa estabilidad y mano dura;
para otros, autoritarismo y corrupción heredada del fujimorismo.
Sánchez, por su parte, enfrenta cuestionamientos por presuntos delitos financieros relacionados con reportes de financiamiento político. Un fiscal incluso pidió prisión e inhabilitación en su contra, aunque su defensa rechaza las acusaciones.
Mientras tanto, Perú sigue atrapado en el mismo patrón que lleva años persiguiéndolo:
- presidentes destituidos
- congresos fragmentados
- protestas permanentes
- vacancias presidenciales
- crisis institucional crónica.
El problema peruano ya no parece ser solamente elegir presidentes.
Parece ser lograr que alguno termine el mandato sin que el sistema entero entre otra vez en combustión espontánea.










