Caracas. Venezuela enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia energética: alrededor del 70 % de sus pozos petroleros se encuentran inactivos, lo que refleja el deterioro acumulado de su principal industria.
El país, que posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, produce actualmente cerca de un millón de barriles diarios, muy lejos de los más de tres millones que alcanzó en su mejor momento.
La principal causa de este colapso es estructural. Años de falta de inversión, problemas de mantenimiento, sanciones internacionales y fuga de talento han reducido la capacidad operativa del sector. Muchos pozos permanecen paralizados a la espera de reparación o reactivación.
Ante este escenario, el gobierno venezolano busca reactivar la industria mediante la apertura a inversión extranjera, acuerdos con empresas internacionales y un intento de modernización de la infraestructura petrolera.
El objetivo es claro: aumentar la producción y recuperar ingresos en un contexto global donde los precios del petróleo vuelven a subir por tensiones geopolíticas.
Sin embargo, el reto es profundo. No se trata solo de encender pozos apagados, sino de reconstruir un sistema industrial completo que lleva años operando por debajo de su capacidad.
Venezuela no está levantando una industria.
Está intentando revivirla.










