Santo Domingo, RD. El convenio firmado entre el Gobierno dominicano y Estados Unidos enfrenta un rechazo creciente de sectores políticos, sociales y nacionalistas que cuestionan el alcance real del acuerdo y la falta de información pública sobre sus términos.
Las críticas se intensificaron luego de revelarse que el acuerdo permitió a aeronaves estadounidenses utilizar instalaciones militares dominicanas, incluyendo espacios en la Base Aérea de San Isidro, dentro de operaciones vinculadas a deportaciones y control migratorio regional.
Diversos sectores han denunciado que el Gobierno no explicó con claridad:
- el contenido completo del convenio
- sus implicaciones sobre soberanía
- duración del acuerdo
- alcance operativo estadounidense
- responsabilidades asumidas por República Dominicana.
El Instituto Duartiano expresó “total sorpresa” y rechazo al pacto, afirmando que acuerdos de esa naturaleza deben ser ampliamente conocidos y debatidos por la sociedad dominicana antes de ejecutarse.
Mientras tanto, dirigentes políticos opositores y comentaristas han advertido que el país no puede convertirse en plataforma operativa de políticas migratorias estadounidenses sin una discusión pública transparente.
El canciller Roberto Álvarez defendió el acuerdo y aseguró que República Dominicana no tiene razones para rechazar mecanismos de cooperación con Estados Unidos en temas de seguridad y migración regional.
Sin embargo, el problema político ya no es solamente el acuerdo.
Es la percepción.
Porque en República Dominicana hay temas que activan reflejos históricos inmediatos:
- soberanía
- presencia militar extranjera
- Haití
- migración
- influencia estadounidense.
Y cuando el Gobierno explica poco, el vacío se llena solo.
Con sospechas, nacionalismo y miedo.
La situación también revela algo más profundo:
la relación entre República Dominicana y Estados Unidos sigue siendo estratégicamente inevitable, pero políticamente delicada.
Washington aporta comercio, turismo, remesas y cooperación.
Pero cada vez que aparece un acuerdo militar, migratorio o territorial poco explicado, reaparece también una vieja paranoia dominicana:
la sensación de que las decisiones importantes ya vienen tomadas desde afuera.










