Washington. Estados Unidos ejecutó una nueva oleada de bombardeos contra más de 80 objetivos militares iraníes, en lo que representa la mayor operación militar estadounidense desde el alto el fuego alcanzado meses atrás. La ofensiva fue presentada por el Comando Central (CENTCOM) como una respuesta a los recientes ataques iraníes contra tres buques comerciales que navegaban por el estrecho de Ormuz.
Según Washington, los ataques destruyeron sistemas de defensa aérea, radares costeros, centros de mando, instalaciones de misiles antibuque y decenas de embarcaciones de la Guardia Revolucionaria iraní. El objetivo declarado fue reducir la capacidad de Irán para amenazar una de las rutas marítimas más importantes del comercio mundial.
La respuesta iraní no tardó en llegar.
Teherán calificó los bombardeos como una violación del alto el fuego y prometió una respuesta “contundente”. Al mismo tiempo, las autoridades iraníes reiteraron que no reanudarán las conversaciones con Washington mientras continúen las operaciones militares estadounidenses.
Lo ocurrido confirma una realidad incómoda.
El alto el fuego nunca significó el fin del conflicto.
Solo congeló temporalmente una guerra que sigue abierta y que ahora amenaza con extenderse nuevamente al estrecho de Ormuz, el corredor por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo que se comercializa en el mundo. Cada ataque en esa zona repercute de inmediato sobre los mercados energéticos y aumenta el riesgo de una crisis económica internacional.
La decisión de Washington también envía un mensaje estratégico.
Estados Unidos intenta demostrar que cualquier agresión contra la navegación comercial tendrá un costo militar inmediato. Irán, por su parte, busca dejar claro que conserva capacidad para desafiar la presencia estadounidense en el Golfo Pérsico.
Esa lógica aumenta el riesgo de errores de cálculo.
Cuando ambos bandos responden golpe por golpe, la posibilidad de una escalada deja de depender de grandes decisiones políticas y pasa a depender de un solo incidente mal interpretado.
Mientras tanto, el precio del petróleo vuelve a reaccionar y las aseguradoras elevan los costos para los buques que cruzan la zona. La guerra ya no afecta únicamente a quienes disparan los misiles.
También alcanza a consumidores, empresas y economías que dependen del comercio internacional.
La ofensiva estadounidense demuestra que la tregua era mucho más frágil de lo que parecía.
Y confirma que, en Oriente Medio, un alto el fuego puede romperse mucho más rápido de lo que tarda en negociarse.










