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Un fuerte fenómeno de El Niño amenaza con agravar los eventos climáticos extremos en el mundo

Ginebra. Los principales centros meteorológicos internacionales advierten que el fenómeno de El Niño se está fortaleciendo rápidamente y podría convertirse en uno de los más intensos registrados desde 1950. Los modelos más recientes estiman un 81 % de probabilidad de que alcance una intensidad histórica antes de finalizar 2026 y un 97 % de probabilidad de que sus efectos se extiendan hasta la primavera de 2027.  

El Niño es un fenómeno natural que altera la temperatura del océano Pacífico y modifica los patrones atmosféricos a escala global. Sus efectos varían según la región, pero suelen traducirse en sequías severas, lluvias torrenciales, olas de calor, incendios forestales y alteraciones en la producción agrícola.  

La preocupación de los científicos radica en que este episodio llegaría sobre un planeta que ya registra temperaturas récord debido al cambio climático.

En otras palabras, sus efectos no actuarían solos.

Se sumarían a una atmósfera más caliente y a océanos con temperaturas excepcionalmente elevadas, aumentando la probabilidad de fenómenos extremos en distintas regiones del mundo.  

Las consecuencias podrían sentirse también en el Caribe.

Aunque cada episodio de El Niño tiene comportamientos distintos, históricamente ha estado asociado con temperaturas más elevadas, períodos de sequía en algunas zonas y cambios en la temporada de huracanes del Atlántico, donde suele disminuir el número de ciclones, aunque los que logran formarse pueden seguir siendo muy destructivos.  

La noticia también deja una enseñanza.

Durante mucho tiempo el cambio climático y fenómenos como El Niño se analizaron por separado. Hoy resulta cada vez más difícil distinguir dónde termina la variabilidad natural y dónde comienza el efecto del calentamiento global.

Ambos interactúan.

Y cuando lo hacen, multiplican los riesgos para la agricultura, el abastecimiento de agua, los sistemas eléctricos, la salud pública y la economía.

Por eso el desafío ya no consiste únicamente en pronosticar el clima.

Consiste en preparar a los países para convivir con eventos extremos cada vez más frecuentes y costosos.

El Niño no puede evitarse.

Lo que sí puede evitarse es que sus consecuencias encuentren a las sociedades sin planificación, sin infraestructura y sin capacidad de respuesta.  

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