Washington. Estados Unidos evalúa una operación militar de enorme complejidad para incautar las reservas de uranio enriquecido almacenadas en instalaciones nucleares iraníes.
El plan, todavía bajo análisis, exigiría miles de soldados, fuerzas especiales, control del espacio aéreo y una cadena logística capaz de mover material radiactivo fuera del territorio iraní.
Expertos citados en el reporte consideran que podría convertirse en una de las operaciones más sofisticadas de la historia militar.
La misión comenzaría con el despliegue de unidades de infantería para asegurar el perímetro alrededor de las plantas nucleares.
Las tropas tendrían que enfrentar posibles explosivos, túneles bloqueados y defensas iraníes antes de permitir el acceso de los equipos especializados.
Una fuerza reducida de operaciones especiales se encargaría entonces de ingresar a las instalaciones y extraer el uranio.
Entre las unidades contempladas figuran miembros del SEAL Team 6, Rangers del Ejército y especialistas entrenados para manipular y transportar materiales peligrosos.
El objetivo principal serían las instalaciones de Fordo e Isfahán, que habrían sufrido daños significativos durante ataques anteriores.
El operativo también necesitaría mantener una ruta terrestre segura hasta una pista de aterrizaje y garantizar un corredor aéreo para evacuar tanto el material como a las tropas.
La gran dificultad no sería únicamente entrar.
También habría que sostener el perímetro durante el tiempo necesario y retirar a miles de efectivos antes de una respuesta militar iraní.
El factor sorpresa, además, estaría prácticamente perdido.
Irán habría reforzado Isfahán con minas, trampas explosivas y fuerzas desplegadas alrededor de sus túneles.
Washington exige que Teherán elimine sus reservas de uranio enriquecido, cuya mayor parte se encuentra al 60 %, un nivel cercano al necesario para producir un arma nuclear.
Estados Unidos pretende que el material sea enviado fuera del país o destruido bajo supervisión internacional antes de considerar cualquier alivio económico.
Irán insiste en que su programa nuclear tiene fines civiles y defiende su derecho a enriquecer uranio para usos pacíficos.
La diplomacia sigue estancada.
Y cuando la diplomacia se atasca, el Pentágono empieza a calcular cuántos soldados hacen falta para llevarse el uranio.










