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Daniel Ortega elimina las elecciones y abre paso a una dinastía familiar en Nicaragua

Managua. Daniel Ortega terminó de sepultar la democracia nicaragüense al anunciar que en el país no volverán a celebrarse elecciones.

La declaración fue realizada el 19 de julio, durante la conmemoración del triunfo de la Revolución Sandinista que puso fin a la dictadura de Anastasio Somoza en 1979.

Casi medio siglo después, la misma fecha utilizada para celebrar la caída de una tiranía sirvió para anunciar la desaparición formal de los procesos electorales.

La decisión culmina casi dos décadas de concentración progresiva del poder en manos de Ortega y su esposa, la copresidenta Rosario Murillo. (El País)

Durante ese periodo, el régimen tomó el control del Poder Judicial, el Consejo Supremo Electoral y la Asamblea Nacional.

También eliminó los límites a la reelección, ilegalizó partidos opositores y convirtió las elecciones en procesos sin competencia política real.

Tras las protestas de 2018, el Gobierno implantó un Estado policial y respondió con una represión que dejó encarcelamientos, exilios y una oposición prácticamente destruida.

Antes de las elecciones de 2021 fueron apresados precandidatos presidenciales, líderes sociales, periodistas y miembros de la Iglesia católica.

El régimen también cerró y confiscó organizaciones sociales, universidades y medios independientes.

Miles de opositores fueron despojados de su nacionalidad, declarados traidores a la patria y expulsados del país. (El País)

La Asamblea Nacional, completamente controlada por el oficialismo, prepara ahora las reformas necesarias para sustituir definitivamente el sistema electoral.

El objetivo sería crear una estructura que permita mantener a Ortega y Murillo en el poder sin necesidad de someterse al voto popular.

La decisión también despeja el camino para una sucesión familiar.

Ortega, de 80 años, asegura que pretende gobernar durante otra década, pero las dudas sobre su edad convierten a Rosario Murillo en la principal heredera del régimen.

Después aparecen los nueve hijos de la pareja, especialmente Laureano Ortega Murillo, quien funciona como enlace del Gobierno con Rusia y China.

El principal interrogante es si el Ejército aceptaría que el poder pasara de los padres a los hijos, reproduciendo el mismo modelo dinástico que los sandinistas prometieron destruir.

Estados Unidos dispone todavía de herramientas económicas para presionar al régimen, incluida la posible exclusión de Nicaragua del tratado comercial con Centroamérica y República Dominicana.

Sin embargo, una medida semejante también afectaría las cadenas regionales de producción, el empleo y la migración, lo que reduce las probabilidades de una respuesta contundente de Washington. (El País)

Ortega llegó al poder como revolucionario contra una familia que gobernaba Nicaragua.

Ahora pretende dejar otra en su lugar.

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