Estados Unidos tendrá control mayoritario sobre 17 campos con unos 65,000 millones de barriles; Washington busca petróleo barato y Caracas necesita dólares para sostener una economía exhausta
Caracas. Donald Trump y Delcy Rodríguez llegaron al poder desde lugares completamente distintos.
El petróleo terminó sentándolos en la misma mesa.
El acuerdo firmado entre Estados Unidos y el Gobierno encargado de Venezuela concederá a Washington el control mayoritario de una empresa conjunta con derechos para explotar 17 campos petroleros del lago de Maracaibo y la Faja del Orinoco durante 25 años, con posibilidad de prórroga.
En esos yacimientos existen alrededor de 65,000 millones de barriles de reservas, cerca del 22 % de todo el petróleo probado de Venezuela.
Trump lo llama un regalo para Estados Unidos.
Y ya dijo qué piensa hacer con una parte: utilizar crudo venezolano para reconstruir la Reserva Estratégica estadounidense, actualmente cerca de sus niveles más bajos en cuatro décadas.
El momento difícilmente podría ser mejor para Washington.
La guerra con Irán mantiene presión sobre el mercado energético y el estrecho de Ormuz continúa funcionando por debajo de sus niveles normales. Trump, además, enfrenta elecciones legislativas en noviembre con el precio de la gasolina entre las preocupaciones de los estadounidenses.
Venezuela necesita otra cosa.
Dinero.
El plan contempla alrededor de US$100,000 millones en inversiones para recuperar una industria deteriorada durante años. Caracas calcula que podría recibir unos US$209,000 millones en regalías e impuestos durante 25 años.
Ahí aparece la relación de dependencia.
Trump necesita que Delcy mantenga funcionando un acuerdo que garantiza acceso privilegiado a una de las mayores reservas petroleras del planeta.
Delcy necesita que Trump mantenga abiertas las inversiones, los mercados y la relación con Washington que podrían darle oxígeno económico a su Gobierno.
El pacto ha provocado críticas tanto dentro del chavismo como en sectores opositores.
También quedan preguntas importantes.
No se conocen todos los participantes privados, los contratos fueron negociados sin una licitación pública y especialistas cuestionan cómo encaja una operación de esta magnitud dentro de la legislación petrolera venezolana.
Tampoco está garantizado que las grandes petroleras quieran asumir inmediatamente los enormes riesgos financieros y políticos de reconstruir la producción venezolana.
Pero algo ya cambió.
Durante años Washington quiso sacar al chavismo del poder.
Ahora necesita que una de sus figuras más importantes permanezca lo suficientemente estable para sacar petróleo.
Trump consiguió barriles.
Delcy consiguió tiempo.
Y el petróleo acaba de convertir en socios a dos gobiernos que hace pocos meses parecían enemigos.










