Washington tendrá 35 % de una empresa con derechos sobre 17 campos durante un siglo y podrá comprar parte de su producción a costo; críticos denuncian una cesión de soberanía a cambio de estabilidad política
Caracas. Donald Trump y Delcy Rodríguez consiguieron algo que parecía imposible en Venezuela.
Poner de acuerdo a sectores de la oposición y del chavismo.
Pero en contra de ellos.
El gigantesco acuerdo petrolero firmado entre Washington y Caracas está provocando críticas desde ambos lados por la extensión de las concesiones, el peso directo que tendrá el Gobierno estadounidense y la falta de transparencia con que fue negociado.
El centro del pacto es North American Blue Energy Partners (NABEP), empresa vinculada al empresario venezolano Alejandro Betancourt.
La compañía obtuvo derechos durante 100 años sobre 17 campos petroleros venezolanos, que contienen alrededor de 65,000 millones de barriles de reservas, cerca de una quinta parte de las reservas probadas del país.
Estados Unidos no será simplemente comprador.
El Pentágono tendrá una participación de 35 % en NABEP, protegida incluso frente a futuras ampliaciones de capital.
El Departamento de Estado tendrá además derecho a comprar 20 % de la producción al costo y acceso preferencial al resto del petróleo producido.
Ahí comenzó la tormenta.
Antiguos dirigentes chavistas, organizaciones de izquierda y figuras opositoras han cuestionado que un recurso presentado durante décadas como símbolo de soberanía venezolana quede sometido a un esquema con participación directa del Gobierno estadounidense.
Delcy Rodríguez lo rechaza.
Sostiene que Venezuela conserva la propiedad de sus recursos y argumenta que el país necesita capital, tecnología e infraestructura para volver a convertir sus enormes reservas en producción real.
El acuerdo contempla inversiones cercanas a US$100,000 millones y Caracas asegura que podría generar más de US$200,000 millones en ingresos fiscales durante las próximas décadas.
Pero el conflicto no es solamente económico.
También es político.
La oposición cuestiona que Washington haya pasado de exigir un cambio democrático a construir una relación económica de largo plazo con un Gobierno encabezado por una de las figuras centrales del chavismo.
Trump ha dicho que Venezuela todavía no está preparada para elecciones presidenciales.
Mientras tanto, los nuevos acuerdos petroleros avanzan.
Y en el centro de las negociaciones aparece Betancourt, antiguo contratista del chavismo que fue investigado por autoridades estadounidenses, españolas y suizas por presunto lavado de dinero relacionado con fondos de PDVSA.
Nunca ha sido acusado formalmente.
La investigación estadounidense fue paralizada y el proceso suizo continúa.
Betancourt terminó convertido además en uno de los principales intermediarios entre Washington y Caracas.
Venezuela necesita dinero.
Estados Unidos quiere petróleo.
El acuerdo puede ayudar a conseguir ambas cosas.
La pregunta que empieza a dividir menos de lo habitual a los venezolanos es cuánto del país hubo que poner sobre la mesa para lograrlo.










