Santo Domingo. El Senado de la República aprobó el proyecto que modifica la Ley Orgánica de la Policía Nacional, una iniciativa impulsada por el Poder Ejecutivo que busca modernizar la institución, reorganizar su estructura, fortalecer la carrera policial y consolidar el proceso de transformación iniciado en los últimos años.
La reforma introduce cambios en la organización interna, el régimen de carrera, la formación, el bienestar de los agentes, el sistema disciplinario y los mecanismos de supervisión. Sobre el papel, representa uno de los intentos más ambiciosos para construir una Policía más profesional y orientada al servicio ciudadano.
Pero conviene no confundirse.
Las leyes cambian instituciones.
No necesariamente cambian culturas.
Ese ha sido el verdadero desafío de la reforma policial dominicana. Durante décadas se han modificado reglamentos, estructuras y procedimientos. Sin embargo, cada abuso, cada exceso y cada caso de uso ilegítimo de la fuerza recuerda que transformar una institución armada exige mucho más que una nueva legislación.
La confianza no se decreta.
Se construye.
Y se construye cuando el ciudadano percibe que el policía actúa con profesionalismo, respeta la ley y responde por sus actos cuando la viola.
Por eso el éxito de esta reforma no dependerá del número de artículos aprobados.
Dependerá de lo que ocurra en las calles.
Si los ciudadanos comienzan a sentir una Policía más preparada, más cercana y más respetuosa de los derechos, la reforma habrá valido la pena. Si los abusos continúan repitiéndose, la nueva ley correrá el riesgo de convertirse en otro documento bien redactado con escaso impacto en la realidad.
El momento político tampoco es casual.
La aprobación ocurre mientras la institución enfrenta un fuerte escrutinio público tras varios casos que han reavivado el debate sobre el uso de la fuerza y la rendición de cuentas. Esa coincidencia aumenta la presión para que los cambios legales se traduzcan rápidamente en resultados visibles.
La República Dominicana necesita una Policía fuerte.
Pero una institución fuerte no es la que ejerce más fuerza.
Es la que inspira más confianza.
La reforma aprobada por el Senado puede ser un paso importante.
Ahora comienza la parte más difícil.
Demostrar que el cambio no quedó escrito únicamente en la ley, sino también en la conducta de quienes tienen la responsabilidad de hacerla cumplir.










