El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, afirmó que Irán sigue abierto al diálogo con Estados Unidos, pero dejó claro que no ve condiciones para una negociación real mientras Washington mantenga tres factores que, a su juicio, bloquean cualquier avance: el incumplimiento de compromisos, el asedio y las amenazas. También denunció lo que describió como una “retórica hipócrita” y una contradicción entre lo que EE. UU. dice y lo que hace.
La declaración llega en un momento delicado. Donald Trump anunció esta semana la prórroga del alto el fuego con Irán establecido el 7 de abril, mientras ordenó que las Fuerzas Armadas estadounidenses mantengan el bloqueo naval y sigan listas para operar. Todo esto ocurrió después de la suspensión de las conversaciones que iban a celebrarse en Islamabad, Pakistán.
Desde Teherán, la señal es clara: no habrá negociación genuina mientras una parte hable de tregua y al mismo tiempo mantenga presión militar y económica. Esa es la línea que también reforzó el portavoz de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, al afirmar que Irán decidió mantenerse al margen de las conversaciones por las acciones “inconsistentes y contradictorias” de Washington.
La tensión sube aún más por otro detalle: según Tasnim, citada por RT, Irán no habría solicitado una prórroga del alto el fuego, lo que abre una lectura incómoda para la Casa Blanca. Si Teherán no pidió extender la tregua, entonces el anuncio de Trump luce menos como un acuerdo bilateral y más como un intento de controlar el relato en medio de un conflicto que sigue abierto.
El mensaje de Pezeshkian no cierra la puerta al diálogo, pero sí redefine el terreno. Irán no está diciendo que no quiere negociar. Está diciendo que no acepta negociar bajo presión, bloqueo y amenaza. Y en una crisis donde cada palabra se mezcla con movimientos militares, esa diferencia importa más de lo que parece.










