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La Vega despide a monseñor Antonio Camilo tras 64 años entregados a la Iglesia

La Vega. Monseñor Gabriel Antonio Camilo González fue sepultado en la cripta para sacerdotes de la Catedral Inmaculada Concepción, después de una multitudinaria misa de exequias que reunió a obispos, sacerdotes, autoridades, empresarios y cientos de fieles.

Antes de recibir sepultura, el féretro fue despedido con honores militares por un pelotón de la Fuerza Aérea de República Dominicana, institución en la que el obispo emérito ostentaba el rango de mayor castrense.

La ceremonia fue presidida por monseñor José Amable Durán Tineo, administrador apostólico de la Diócesis de La Vega, quien recordó a Camilo como un hombre marcado por la humildad, la entrega al prójimo y una profunda espiritualidad.

Durante la homilía, destacó que el religioso convirtió el Evangelio en el centro de su existencia y defendió la idea de responder al mal con el bien como una muestra de verdadera fortaleza.

Monseñor Camilo mantuvo desde niño una especial devoción por la Virgen de las Mercedes y consideraba el Santo Cerro como su hogar espiritual.

Tras retirarse del gobierno pastoral de la diócesis por razones de edad, decidió permanecer en el Santuario Nacional Nuestra Señora de las Mercedes, donde pasó los últimos años de su vida.

Durante las exequias también fueron recordadas sus décadas de trabajo en comunidades rurales, su cercanía con los jóvenes y su participación en la construcción de iglesias que funcionaban además como escuelas, bibliotecas y centros comunitarios.

Quienes compartieron con él resaltaron que entendía la fe como una forma concreta de servir y no como un simple discurso.

Monseñor Antonio Camilo falleció a los 88 años mientras recibía atenciones médicas en Santiago, apenas dos semanas después de celebrar 64 años de ordenación sacerdotal.

Fue nombrado obispo de la Diócesis de La Vega en 1997 y durante su ministerio impulsó la formación de más de un centenar de sacerdotes.

Concluidas las honras fúnebres, la diócesis iniciará un novenario en todas sus parroquias y otro oficial en la Catedral.

La Vega no despidió solamente a un obispo. Despidió a un hombre que dedicó más de seis décadas a convertir la fe en servicio.

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