El presidente brasileño quedó cerca de dos puntos detrás de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta y apuesta ahora a aumentar la participación, especialmente entre los mayores de 70 años, antes del balotaje del 25 de octubre.
BRASILIA. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva prepara un cambio de estrategia para la segunda vuelta de las elecciones brasileñas y concentrará parte de sus esfuerzos en movilizar a millones de ciudadanos que no acudieron a votar el pasado domingo.
Lula obtuvo alrededor del 45 % de los votos frente al 47 % alcanzado por Flávio Bolsonaro, una diferencia de aproximadamente 1.8 puntos porcentuales.
Los dos candidatos volverán a enfrentarse el próximo 25 de octubre.
La elevada abstención se ha convertido ahora en uno de los principales objetivos de la campaña del Partido de los Trabajadores.
La participación en la primera vuelta fue la más baja registrada en unas elecciones presidenciales brasileñas en 28 años.
El equipo de Lula considera que existe un margen particularmente importante entre los electores mayores de 70 años.
En Brasil, votar es obligatorio para buena parte de la población, pero deja de serlo a partir de esa edad.
En las elecciones de 2022, cerca del 60 % de los ciudadanos de ese grupo no acudió a las urnas.
Las encuestas realizadas antes de la primera vuelta mostraban además una ventaja de Lula entre los votantes de mayor edad, lo que explica el interés del oficialismo en conseguir que una mayor proporción participe en el balotaje.
El presidente ya había realizado llamados directos a esos electores antes de las votaciones.
Ahora su campaña pretende intensificar el mensaje.
El PT también prepara un cambio en el tono político.
Edinho Silva, presidente del partido, anunció que Lula entrará en una confrontación más directa con Flávio Bolsonaro y buscará contrastar los proyectos de ambos candidatos.
El mandatario también estaría dispuesto a participar en debates televisivos durante la segunda vuelta.
Ni Lula ni Bolsonaro asistieron a los principales debates de la primera ronda, lo que impidió que ambos confrontaran directamente sus propuestas ante el electorado.
La estrategia oficialista contempla además acercamientos hacia sectores empresariales y votantes de centro que respaldaron a otros candidatos.
Lula necesita ampliar su coalición electoral después de que buena parte de la derecha brasileña cerrara filas alrededor de Bolsonaro.
Ronaldo Caiado y Romeu Zema, candidatos conservadores eliminados en la primera vuelta, ya anunciaron su respaldo al senador.
Bolsonaro llega además al balotaje fortalecido por el desempeño de su Partido Liberal en las elecciones legislativas.
La formación consiguió la mayor representación individual tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, consolidando la influencia del bolsonarismo incluso más allá de la carrera presidencial.
Lula deberá enfrentar también un hecho histórico adverso: desde el regreso de Brasil a la democracia en 1985, ningún candidato que terminó segundo en la primera vuelta consiguió posteriormente ganar la Presidencia.
Eso no determina el resultado del 25 de octubre, pero explica la magnitud del desafío político que enfrenta su campaña.
Durante las próximas tres semanas, ambos candidatos competirán por un grupo relativamente reducido de votantes todavía disponibles en un país profundamente polarizado.
Bolsonaro intentará mantener y ampliar la coalición conservadora que lo llevó al primer lugar.
Lula buscará nuevos votos entre el centro y, sobre todo, entre quienes el domingo decidieron quedarse en casa.
La primera vuelta dejó una diferencia pequeña.
La segunda puede terminar dependiendo de quién consiga convencer a quienes todavía no votaron por ninguno de los dos.










